Buenos modales

16 marzo, 2010

Plato "Anatómica", diseñado por Lisa Turner.

Cambios en las actitudes frente a las necesidades naturales

Querida abuela: quisiera poder describiros a Vos y al abad la sorpresa que me llevé cuando ayer por la mañana me trajeron a la cama una gran bolsa de vuestra parte. Me apresuro a abrirla, meto la mano y encuentro guisantes […] y luego un recipiente […]; lo saco de prisa: es un orinal, pero de tan belleza y magnitud que toda mi gente de servicio coincide en que habría que convertirlo en salsera. El orinal estuvo en exhibición toda la tarde de ayer y constituyó la admiración de todo el mundo. Los guisantes […] nos los comimos sin dejar ni uno.

Selección de la carta de Madame du Deffand a Madame de Choiseul, 9 de mayo de 1768.

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Un hombre bien educado no debe nunca descubrir los miembros que la naturaleza cubrió con el velo del pudor; si las circunstancias lo obligaran a ello, debe hacerlo con decencia y recato, incluso aunque no haya testigos. Puesto que los ángeles están siempre presentes y nada les agrada más en un muchacho que el pudor, el compañero y guardián del comportamiento decente. Si el pudor impide ya mostrarlos a otro, mucho más impide dejarlos tocar por otro.

Es malo para la salud retener la orina; lo honesto es orinar en secreto. Algunos recomiendan a los niños que retengan los ruidos apretando las nalgas. Pues bien, está mal recoger una enfermedad por querer ser educado. Si se pede salir, hágase aparte; si no, sígase el viejo proverbio: disimule el ruido con una tos. Por lo demás, por qué los mimos libros no aconsejan que no se defeque, puesto que es más peligroso retener un viento que los excrementos.

Selección De civilitate morum puerilium, de Erasmo de Rótterdam, 1530.

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Sobre el modo de sonarse

Sonarse con el gorro o en la chaqueta es cosa de rústicos; hacerlo con el brazo o en el codo, es cosa de pescadores. No es más educado sonarse con la mano si e moco cae en la chaqueta. Hay que recoger la suciedad de la nariz con un pañuelo, como manda el decoro, al tiempo que se vuelve uno, especialmente si hay superiores.

Si, al sonarse con los dedos, cayera algo al suelo, hay que pisarlo de inmediato.

Selección de De civilitate morum puerilium, de Erasmo de Rótterdam, 1530.

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Sobre el modo de escupir

En la iglesia, en casa de los señores y en todos los lugares en los que reina la limpieza, es preciso escupir en el pañuelo. Es una grosería imperdonable la costumbre que tienen los niños de escupir en el rostro de sus compañeros: no existen castigos suficientemente severos para estas faltas de educación. Tampoco tienen excusa los que escupen por las ventanas, sobre las paredes y en los muebles […]

Selección de Les Règles de la Bien-Séance et de la civilité Chrétienne, de De La Salle (edición de 1774).

Fragmentos tomados del capítulo “La ‘civilización’ como transformación específica del comportamiento humano», perteneciente a El proceso de la civlización. Investigaciones sociogenéticas y psicogéneticas, de Norbert Elias. En la contraportada del libro se lee que el autor es “el padre de la sociología figurativa y uno de los pensadores más importantes del siglo XX”. Editado originalmente en alemán en dos tomos, entre 1977 y 1979, este libro fue publicado en 2009 por el Fondo de Cultura Económica y traducido al español por Ramón García Cotarelo.

Ilustración de Bree Dentice.

Papel que desempeña Filaucia (el amor propio), hermana carnal de la necedad

Decidme, yo os ruego: ¿Puede amar a alguien el hombre que se odia a sí mismo? ¿Puede estar de acuerdo con otro quien no lo está consigo? ¿Es posible que agrade a los demás el que para sí sea molesto e insoportable? Creo que no habrá quien lo afirme, como no sea más necio que la Necedad. Y aún añado que si se prescindiese de mí, de tal modo nadie podría soportar a otro, que cada cual se aprestaría a sí mismo, de sí propio sentiría asco y así propio se odiaría, ya que la Naturaleza, que no pocas veces más bien que madre es madrastra, ha dispuesto de tal manera el espíritu de los mortales, principalmente de los menos sensatos, que los incita depreciar lo suyo y a admirar lo ajeno, lo cual es motivo de que todas la buenas cualidades y todos los atractivos y encantos de la vida se malogren y perezcan. ¿De qué serviría, por ejemplo, la hermosura, ese raro don de los dioses, si se contaminase con la mancha de la afectación? ¿De qué la juventud si la corrompiese el humor avinagrado de la vejez?

[…]

En fin, como la primera condición de la felicidad consiste en ser cada uno lo que quiere ser, mi hermana Filaucia da para ello grandes facilidades y abrevia el camino haciendo que nadie se queje de su fisonomía, ni de su ingenio, ni de su nacimiento, ni de su estado, ni de s educación, ni de su patria, de tal manera que el irlandés no quiera cambiar por el italiano, ni el tracio por el ateniense, ni el escita por el nacido en las islas Afortunadas. ¡Y oh admirable solicitud de la Naturaleza, que en tanta variedad de cosas todo lo iguala! Si ella niega a alguno ciertos dones, a ése precisamente le concede Filaucia alguna mayor parte de los suyos…, aunque en verdad qu al hablar así hablo neciamente, ya que los dones de Filaucia son los más importantes que se pueden apetecer.

No necesito, mientras tanto, deciros que no hay ninguna magna empresa sin mi estímulo, ni artes o ciencias que yo no haya inventado.

Fragmento del Capítulo XXII de Elogio de la locura, de Erasmo [Desiderio Erasmo o Erasmo de Rotterdam], publicado por Aguilar, dentro del sello Folio, en 2007. Escrita en 1509 y publicada en Parías en 1511, fue traducida por A. Rodríguez Bachiller. Ya desde la portadilla, el editor nos advierte que, en realidad,  el título del libro” hace referencia a la palabra ‘moria’: necedad, insensatez, locura”, por lo cuál, aunque el título de portada diga “de la locura”, en el texto se menciona como ‘de la necedad’.

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Obra de John Gall, diseñador de Vintage, encargado de las portadas de Murakami en su edición en rústica.

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