Gatos de amplitud modulada
14 junio, 2010
Julio Cortázar decía que los gatos son teléfonos, pero hoy más bien descubro que son radios. Estaba preguntándome entre mocos contenidos y lágrimas en las orejas (consecuencia de la horizontalidad), cómo diablos se reza por alguien, cuando apareció Purr y sentose con elegancia sobre mis costillas. Me miró con esas rayas doradas y soñolientas y arrancó un ronrroneo profundo y constante. Los ronrroneos, finalmente ondas de energía arrastradas por el sonido, le devolvieron la dirección a unos cuantos pastos acalorados, el sentido de las ideas a unos cuantos profesores agotados, el son a unos cuantos músicos desacompasados y el pulso a una pequeña Lupita extraviada en la angustia de la pesadilla de sus padres.
Claro, porque los gatos son los regios portadores de las cajas de ritmo del mundo y no lo habíamos entendido. Basta frotar sus lomos felpudos con amor, para que emitan ondas de gran amplitud que reacomoden el estruendo de un mar de humanos que olvidó cómo escuchar y frotar lomos felpudos con amor.
Huelga decir que con los ronrroneos de los tigres deben tomarse providencias; y que nunca deben provocarse por manos, o amor, inexpertas en crisis globales.
Post de Alejandra Contreras, ¡oh, la madre judía!, para su blog, Desde el árbol de las bellotas. Sepan, los que aquí leen, que dícele a su gato Purr, no sólo por amor sino porque ocurriósele hace años que cuando tuviera un minimo le pondría Sing-a-pur (juego de palabras que, en inglés, describen las emisiones sonoras de estos seres) y, ahora, basta su hipocoríntico para llamarle.
Síncope o diptongo
8 diciembre, 2009
El ojo lector y la pluma de José de la Colina, asentados en una colaboración de 1977 en Vuelta (recuperada en su columna Correo fantasma en junio de 2009 y posteriormente en su blog), provocarían que Julio Cortázar escribiera “Los pescadores de esponjas”, un responso sobre la influencia de Ramón Gómez de la Serna en su obra:
“La memoria es loca, lo tengo muy estudiado; a veces es también idiota, pero la locura por suerte puede más y en todo caso provoca conductas desordenadamente extravagantes del pensamiento y sus productos escritos. José de la Colina demuestra que en los míos falta una lógica, esperable y elemental referencia a Ramón Gómez de la Serna. [...] La relojería de la memoria no me trajo jamás el nombre de Ramón mientras escribía Rayuela y mientras tantas sombras queridas iban y venían por La vuelta al día en ochenta mundos y por Último Round; tal vez lo más penoso frente al reproche que ahora se me hace es la certidumbre interna pero indemostrable de que sí, de que Ramón estaba y está ahí, por la sencilla razón de que no podía y no puede no estar; por amor, por admiración, por enseñanza, Ramón estaba y está.”
Buscando algo sobre Ramón, encontré El libro mudo (secretos), publicado por el Fondo en 1987, 77 años después de que apareciera su primera versión, por entregas, en la revista Prometeo. Nacido en 1888, el escritor comienza la prelininar diciendo: “Ni sé apenas si esto es un libro. Sé que se va a imprimir como los demás libros. Está hecho de confusas sensaciones, de vida, que se realiza y no habla, que se hace apodíctica en su desarrollo y en su serenidad.”
Dejo algunas líneas:
(Ramón, en la paz de la mañana este amor al eucaliptos, es estar en gracia. Desde que me ayudó a convalecer en su maceta, junto a mi lecho de enfermo, de nicho, le proceso un buen amor. Es un árbol languidescente, sin coquetería, todo virtud y ida sosegad y enfermera…
Ramón, siempre conocimos las horas de gracias porque añoran a aquella mujer que se casó ya, a aquel perro León, a el jardín de aquella casona destartalada de Castilla, o a alguna de esas cosas sencillas y gatas en las que más nos devolvimos sin resquebrajadura, ni mudanza… cosas que no nos polarizaron…
Ramón, frente al eucaliptus siempre sentimos su estado de espíritu. Se nos presta bien y nosotros nos prestamos a él. Es una entroncada analogía…
Ramón, hoy es un día de gracia, como todos los que se madruga sin saber por qué. Se determinó en el secreto hacer algo y después se para uno e seco. Entonces se llena de simpatía la vida, melancolizada de este modo, y se piensa en algo inmejorable… Hoy ha sido en el eucaliptus con su perfume saludable y tan oleoso para el pulmón, perfume de buen conocimiento, de palabra firme y fortificante…
Ramón, así de pronto se piensa en que hay en uno la iniciación de la tierra de cuando tenía uno todo el espíritu de ella después de la lluvia y en los días estivales después del bochorno. Sentir un atavismo tan clamante y tan envolvente, sentir una transpiración mínima, tan de buen sabor y de buen olor, es estar en gracia…
Ramón, hoy para merecerla no tendremos ningún propósito, ni saldremos a la ciudad, no haremos efusión, es decir, azmisclaremos los vientos de no mismo…
Ramón, sí. Esta exhalación tan sutil, tan compacta, tan infiltrada en la porosidad del planeta, tan humana…
Ramón, tan dispuesta en círculo concéntrico, que volverá a interceder con nuestro nosotros sin rompernos ni mancharnos como en un abrazo…
Ramón, soy síncope o diptongo según consigo la prolongación o me abato de metafísica…
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