Un coleccionista de huevos de porcelana considera que Dios no creó jamás forma más bella ni más singular
28 julio, 2010
“La afición a coleccionar –dice Maurice Rheims– es una suerte de juego pasional” (La vie étrange des objets, p. 28). En el niño, es el modo más rudimentario de dominio del mundo exterior: colocación, clasificación, manipulación. La fase activa de coleccionamiento parece situarse entre los 7 y los 12 años, en el periodo de la latencia entre la prepubertad y la pubertad. La afición a coleccionar tiende a desaparecer en el momento en que comienza la pubertad, para resurgir a veces inmediatamente después. Más tarde, son los hombres de más de 40 años los que se dejan atrapar por esta pasión. En pocas palabras, es visible por doquier una relación con la circunstancia sexual; la colección se nos manifiesta como una compensación poderosa en ocasión de las fases críticas de la evolución sexual. Es exclusiva siempre de una sexualidad genital activa, pero no la sustituye pura y simplemente. Constituye, por relación con esta última, una regresión hacia la etapa anal, que se traduce en conducta de acumulación, de orden, de retención regresiva, etc. […] El objeto cobra aquí, por completo, el sentido del objeto amado. “La pasión por el objeto nos lleva a considerarlo como una cosa creada por Dios: un coleccionista de huevos de porcelana considera que Dios no creó jamás forma más bella ni más singular, y que la imaginó para dar gusto a los coleccionistas…” (M. Rheims, p. 33). “Estoy loco por este objeto”, declaran y, sin excepción, incluso cuando no interviene en esto la perversión fetichista, mantienen en torno a su colección un ambiente de clandestinidad, de secuestro, de secreto y de mentira que tiene todas las características de una relación pecaminosa. Este juego apasionado es lo que hace sublime esta conducta regresiva y justifica la opinión según la cual todo individuo que no colecciona nada no es sino “un cretino y un pobre despojo humano”.1
1 El señor Fauron, presidente de los coleccionistas de anillos de puros (revistas Liens del Club Français du Livre, mayo de 1964).
Inicio de “El objeto pasión”, dentro de El sistema de los objetos, de Jean Baudrillard, edición al español de Siglo XXI Editores de 1969. La traducción es de Francisco González Aramburu y la edición de 2004 se encuentra parcialmente en Google Books.
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Cajas
Como Zurcidos invisibles se bautizó (hay un ropón de bautizo) la exposición del artista canadiense mexicano, epígono del surrealismo, dado el método asociativo con el que ha producido innumerables composiciones, varias encantadoras. No hay que aproximarse a la lujosa y bien montada exposición –diseño museográfico de Rodrigo Luna– con el ánimo de descifrar cada pieza, pues eso sólo podría hacerlo, quizá, el autor, quien según su propia declaración “es un pepenador”, pero un pepenador con tan buen ojo para la bisutería y la curiosidades, que bien podría calificársele de coleccionista.
El recorrido abre con Nouvelle Rosée, nouveau miel (los títulos suelen dar clave: Nuevo rocío, nueva miel), en el que la figura central es reproducción del conocido retrato de la reina Isabel I. En la sección inferior hay un panal de abejas poblado de las abejas que penetran en la soberana por una puertecita abierta en el extremo de la falda. Ella es La Abeja Reina y está rodeada de huevos milenarios con el cascarón finamente diseñado. La hija de Enrique VIII reaparece en Reina con escarabajos y aquí sus ojos hacen contacto con el negativo colocado en ángulo. Los encajes pululan en ésta y otras composiciones, como ocurre en Abejas de Delft, cuya denominación corresponde a La Encajera de Vermeer. De Isabel I hay además una anamorfosis que intriga a los espectadores. La acompaña una leyenda del poeta simbolista Saint-Pol- Roux: “el cerebro masculino de la mujer deposita semilla intelectual en los sesos femeninos del hombre”.
“Alan Glass en el MAM”, por Teresa del Conde, en La Jornada, 16 de diciembre de 2008.
Ver las formas viejas con ojos nuevos
24 febrero, 2010
Jacobo Siruela en el Claustro de Sor Juana
Miércoles 24 de febrero, 19:30 horas
Aula Magna del Claustro de Sor Juana
Izazaga 92, Centro Histórico, México, DF
Nicolás Alvarado hablará con Jacobo Siruela, editor de Atalanta y ex director y fundador de Siruela, sobre el oficio de la edición de libros y del mundo de las letras, en el marco del Programa de Escritura Creativa del Claustro. La información llegó gracias a Leslie Ordoñez, coordinadora de prensa de la distribuidora Colofón.
Vivimos en una enfermiza celebración del presente. Ésta es una de las estrategias del mercado. ¿Pero, por qué no, como dice Gustav Meyrink, aprendemos a maravillarnos de otra manera, aprendiendo a ver las formas viejas con ojos nuevos, dice, en lugar de mirar, como hasta ahora, las formas nuevas con ojos viejos? ¡Es fantástico y revolucionario! ¿No te parece? Para Meyrink, esta es la única manera de adquirir “la juventud eterna”. Bueno, el primer libro de esta colección [Memoria mundi] es La historia de Genji. Es la primera novela de la historia, y fue escrita por una mujer japonesa del siglo X que vivió en una de las cortes más refinadas que se conocen. En esa corte, a las mujeres se les prohibía escribir, pero esta prohibición fue benefactora para las letras japonesas. Sucedió que los hombres que estaban constreñidos por una rígida educación de letras, muy influenciada por China, no fueron capaces de crear nada nuevo debido a las normas culturales a las que tenían que someterse. Sin embargo, las mujeres tuvieron que inventarse una forma literaria para su uso exclusivo, y esta fue la de contar, la de narrar cómo es la vida. Así nació la novela en el mundo, gracias a una prohibición. Toda una lección para la cultura de la queja en la que vivimos. Y esta obra de más de 1,500 páginas estaba dirigida a un grupo de mujeres no superior a las personas que formaban el séquito de la emperatriz. ¡Qué diferencia con nuestras patéticas listas de ventas!
Fragmento de la entrevista que Ramón Gonzáles Ferris le hizo a Jacobo Siruela, publicada en marzo de 2006 en Letras Libres, sobre su nuevo proyecto. Parte de la nobleza española, Jacobo Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, conde de Siruela, miembro de la casa de Alba, después de pasar por varios heterónimos, actualmente firma de forma pronunciable y escueta.
Siruela
Fundé una editorial porque me gustaba leer, y más tarde vendí mi empresa, en parte, por la misma razón. Porque ya no podía leer todo lo que yo quería y de la manera como quería. Estaba condenado casi exclusivamente a leer toda la ingente información libresca que me mandaba todo tipo de personas, cada vez más ajenas a mi proyecto editorial. Y esto me parecía pobre y poco estimulante. Había logrado tener una empresa que llegó a facturar mil millones de pesetas al año, pero, en el fondo, yo no encajaba en este esquema. Tras la venta total pacté con el nuevo propietario de la compañía, Germán Sánchez Ruipérez, la posibilidad de trabajar, la mayoría del tiempo, desde la casa que acababa de comprarme en el Ampurdán. Desde allí dirigía una editorial que, en el fondo, cada vez se volvía para mí más ajena y fantasmal. Aunque respetaron siempre mis criterios, y mi situación pareciese de lo más ideal, no me sentía motivado, y cuando Siruela ganó el Premio Nacional de Edición, en noviembre de 2003, decidí que ése era el mejor momento para cerrar una etapa de mi vida y empezar otra. La experiencia de trabajar en el campo con un teléfono y un ordenador me había enseñado que en el siglo XXI es posible tener una editorial en el campo, y como tenía bastantes ideas en la cabeza decidí con Inka que haríamos una nueva editorial que llevaríamos los dos con una asistente, y que la llamaría con el nombre de un mito mediterráneo. Así nació Atalanta.
Parte del reportaje “El lujo de trabajar y vivir libre” de Ángel S. Harguindey para El País, en 2005. En la entrada del escrito se lee: “Jacobo Fitz-James Stuart creó la editorial Siruela, y la presentó con una colección de libros medievales. Veinte años después, con éxitos de venta y calidad, decidió venderla. Ahora, cumplidos los 50, presenta Atalanta, una editorial que mezcla lo rural con lo cibernético.”
Serezo
La historia de Genji (3ªed.)
Murasaki Shikibu
Colección Memoria mundi
18,5 x 24 cm | Cartoné | 920 págs
€48
Este primer volumen de La historia de Genji es en sí mismo un libro completo, pues narra, a través de los primeros 41 capítulos de la obra, toda la historia del príncipe Genji, desde que recibe su nombre en el pabellón de la paulonia, hasta su muerte solitaria en un templo en donde vive retirado del mundo.
Reseña
La eficaz versión de Jordi Fibla, se ha ceñido, en lo fundamental, a traducir la versión y el prólogo de Tyler. A diferencia de Roca-Ferrer (Destino), está ampliamente anotada, está ilustrada, como solía ser habitual, y sobre todo, se ha ceñido lo más posible al texto, lo que no le impide nada, ya que el libro de Murasaki sigue siendo actual. Jordi Fibla ha evitado términos que pudieran chocar a un lector que ha de imaginar una sociedad altamente refinada y cortesana del Japón Heian de finales del siglo X, y, al mismo tiempo ha mantenido la suficiente claridad narrativa para que, a pesar de que se trata de una saga con 150 personajes, transcurra sin tropiezos y con una gran belleza.
Juan Malpartida para el suplemento ABCD del diario español ABC, 2005.











